Ecuador y México se han enfrentado a fuertes conflictos diplomáticos en los últimos días. El exvicepresidente Jorge Glas fue capturado por las fuerzas armadas ecuatorianas dentro de la embajada de México, en donde se resguardaba tras solicitar asilo a México. Glas ha sido acusado de actos de corrupción, malversación de fondos y de tener fuertes vínculos con el narcotráfico en su país. Tras lo sucedido, Ecuador rompió relaciones diplomáticas con México.

Según las autoridades ecuatorianas, el caso de Glas representa una de las infiltraciones del narco a su sistema judicial más grandes en la historia. Recordemos que Glas fue sentenciado a prisión en 2017 por asociación ilícita en el caso Odebrecht. En 2020, nuevamente fue condenado por el delito de cohecho pasivo. Como si eso fuera poco, además enfrenta un nuevo proceso judicial por el supuesto mal manejo de recursos públicos en la contratación de obras de reconstrucción tras el terremoto de 2016. Sin embargo, desde 2022 se encontraba con libertad condicional. Según investigaciones ecuatorianas, el narcotraficante Leandro Norero “el patrón” sobornó a autoridades judiciales para lograr la salida de Glas. Tras su salida de la cárcel, Glas acudió a la embajada mexicana para solicitar asilo político. AMLO, públicamente, se lo concedió. Mientras tanto, Ecuador considera a Glas un convicto y criminal fugitivo, y afirman que su fuerza policial actuó bajo el amparo de la ley.

 

Lo he dicho más de una vez: el narcotráfico es el problema más grande de nuestro hemisferio. El narcotráfico ha logrado infiltrarse de tal manera que corroe los cimientos mismos de nuestras instituciones, pervirtiendo la democracia, corrompiendo a funcionarios públicos y socavando la confianza ciudadana en el Estado de Derecho. Me parece inaudito que los distintos gobiernos del hemisferio se den la tarea de proteger abiertamente a todos aquellos que tienen tarjeta de “membresía” de esta red criminal. Y me refiero a los políticos y activistas con fuertes y evidentes vínculos con el narcotráfico.

 

Me parece sumamente curioso que las voces más vociferantes que han salido a la defensa de Glas, son aquellos países que reúnen esa trifecta de criterios: fuerte penetración del narcotráfico, alto grado de corrupción y tendencia ideológica de izquierda. Venezuela es el mayor hipócrita del caso, porque recientemente ha querido violentar la integridad de la embajada de Argentina, en donde se refugia María Corina Machado. Todos ellos, de manera recurrente, citan los tratados internacionales cuando les conviene y los ignoran cuando no.

 

Lo sucedido en los últimos días con la captura de Glas es prueba de ello. Ecuador agotó todas las vías diplomáticas para prevenir la fuga de un criminal convicto quien, además, tenía orden de aprensión. A todas luces, albergar a un criminal es violatorio de los tratados internacionales. La acción que toma Ecuador se deriva de haber agotado las vías diplomáticas tras la violación inicial que representaba refugiar a un criminal.

 

Hay un famoso dicho que dice “entre bomberos, no se pisan las mangueras”. Hoy, entre políticos cuestionados, le dan vida a este dicho. Pareciera entre ellos se protegen a pesar de las distancias y las fronteras. En todo caso, debemos reconocer que el narcotráfico es un problema regional, y debemos trabajar por la depuración del narco de la política en cada uno de nuestros países. Que prevalezca el Estado de Derecho y se respete, ante todo, la ley.