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¿Le pedimos al sistema que reaccione ante la crisis o diseñamos sistemas capaces de reaccionar ante futuras crisis? Ante la emergencia del Covid-19, se ha hecho evidente que los subsistemas de salud y educación son incapaces de entregar los servicios mínimos para lo que fueron diseñados. El pedirles que se adapten rápidamente en una situación de crisis, para entregar algo que igualmente no entregaban, es ingenuo. A pesar de ello, vemos historias de esperanza, inspiración, innovación, y compromiso. 

Los docentes de todos los niveles han demostrado que cuando se quiere, se puede. Se han aliado de su creatividad y han innovado para hacer que las clases a distancia, además de cumplir con los objetivos de aprendizaje, sean entretenidas. Admiro y aplaudo la labor que muchos de ellos están haciendo hoy en día. He visto historias admirables como la del profesor Roberson Cruz, en Suchitepéquez, quien imparte clases con altoparlantes prestados, para que sus alumnos lo escuchen en la distancia y no se queden atrás. El profesor Cruz también ha utilizado WhatsApp para poder comunicarse con los padres de familia y entregarles guías de contenido para que sus alumnos repasen en casa. Pero quizás lo más interesante es que creó un canal en YouTube, en donde sube videos con sus clases, explicando temas sobre matemáticas y cosmovisión maya.

 

Cruz es tan solo una de las miles de historias de compromiso y entrega que tiene nuestro país. Sin embargo, no podemos negar que los sistemas educativo y de salud necesitan cambios de raíz. Es difícil, o mejor dicho imposible, pedirle a un sistema frágil y poco resiliente que reaccione ante una crisis de esta envergadura. Debimos haber construido sistemas de educación y salud que pudiesen reaccionar a las crisis y no esperar que estos sistemas, pobremente diseñados, sigan funcionado correctamente en escenarios adversos.

 

La pandemia del Covid-19 nos ha demostrado que se requiere una institucionalidad sólida, pero también adaptable y resiliente. Una institucionalidad que permita mejores respuestas ante futuras crisis que, sin lugar a duda, vendrán. Las mejores respuestas a las emergencias no son aquellas respuestas a la emergencia per sé, sino sistemas robustos, preestablecidos, cuyo diseño incorpore la flexibilidad y redundancia necesarias para adaptarse a cualquier emergencia. Y esto aplica para todo, desde el sistema de salud, hasta nuestro sistema educativo.

 

En ese sentido, debemos definir ciertos criterios para robustecer nuestro sistema. El primer criterio debe ser instituciones efectivas, es decir, instituciones que logren el fin o el resultado que se busca. Esto tiene mucho que ver con su eficacia y eficiencia. El segundo criterio, que ahora se hace evidente en su importancia, es el concepto de la resiliencia. ¿Y qué es resiliencia? Es la capacidad de adaptación a situaciones cambiantes o adversas. Es allí en dónde podemos determinar si un sistema tiene la capacidad de movilizarse ante una emergencia.

 

Tras años de corrupción y abandono, ambas condiciones brillan por su ausencia. A pesar de ello, las autoridades actuales han hecho un gran esfuerzo por direccionar sus instituciones y hacerlas reaccionar ante la crisis. Y mucho se ha hecho. No ha sido falta de esfuerzo, pero es innegable que las instituciones disfuncionales que carecen capacidades operativas rutinarias también adolecen de las capacidades para responder a una crisis.

 

Cuando se incendia una casa en nuestra colonia, llamamos a los bomberos, sin embargo, si no dotamos a los bomberos del equipo necesario, estos no podrán reaccionar. Es allí cuando los vecinos debemos entrar a apagar el incendio. Eso mismo está pasando en Guatemala en la crisis del Covid-19. Con instituciones que han sido sobrepasadas por la emergencia, se hace necesario que atendamos el llamado los “vecinos” de Guatemala. Para ello, necesitamos convocar la ayuda de todos los sectores y buscar una verdadera y decidida respuesta, basándonos en metas concretas, KPI’s y, sobretodo, información fiable. Si queremos apagar este incendio, hoy todos los ciudadanos debemos activarnos y poner manos a la obra