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El Covid-19 nos ha puesto al desnudo. Ha descubierto nuestras más grandes carencias y las enormes deficiencias de nuestro aparato público. Detrás de la emergencia del coronavirus se viven otras emergencias, producto de años de negligencia y abandono.

 

Empecemos por la más evidente en estos momentos, la situación de nuestro sistema de salud. No es noticia que nuestro sistema de salud pública es precario. Desde hace años, nuestra red pública de hospitales está completamente desfasada, no hay insumos suficientes para atender a todos los pacientes, nuestro primer nivel de atención está en el abandono y, como ya sabemos, existe una red de corrupción en la compra y adquisición de medicamentos. El panorama se ha agravado con el Covid-19. Hace unos días, jefes de área del Hospital General San Juan de Dios, enviaron una carta de auxilio al director ejecutivo de dicho hospital, el Dr. Jorge Solares, expresando su gran preocupación ante “el colapso total e insostenible” de este hospital. En la carta mencionan que, debido a la dura situación, “peligra la atención (…) tanto de los pacientes internados, como los nuevos que consulten”.

 

Para complicar el panorama, con la llegada de la lluvia, los casos de dengue incrementan. El Sistema de Información Gerencial de Salud (Sigsa) reportó un aumento de casos de esta enfermedad en áreas críticas del país, como Baja Verapaz y Santa Rosa. El Sigsa contabilizó una diferencia de 481 casos de dengue más, respecto al mismo período del año pasado. Lo mismo podríamos decir para tantas otras carencias del sistema de salud, tal como la desnutrición crónica infantil. No se tienen datos oficiales, pero no hay duda que los casos de desnutrición en el corredor seco van en aumento. La paralización de la economía, aunado con la llegada del período del hambre estacional y la inseguridad alimentaria, puede provocar que los casos de desnutrición crónica lleguen a niveles aún más alarmantes. ¿Podrá nuestro sistema de salud atender a todos estos pacientes, a la vez que atiende la emergencia de Covid-19?

 

Otro tema que preocupa mucho, y que ha pasado desapercibido por completo, es la situación de nuestro sistema de justicia. Es increíble e inaceptable que la Corte Suprema de Justicia y Cortes de Apelaciones llevan más de siete meses de atraso en su nombramiento. Recordemos que la justicia debe ser “pronta y cumplida” y representa un servicio esencial para toda sociedad. Sin embargo, ¿qué está pasando? Debido a la pandemia, las audiencias y demás procesos judiciales se encuentran parados, causando un retraso de años. Autoridades de esta cartera declararon esta semana que los procesos penales se atrasarán hasta el 2024. ¡Cuatro años! Si la mora judicial ya nos preocupaba, hoy tengamos por seguro que esta se agravará.

Por otro lado, también preocupa el hacinamiento en las cárceles. Hoy este tema cobra una dimensión aún más importante porque, debido a la sobrepoblación carcelaria, los reos no podrán resguardarse adecuadamente del Covid-19. Si tuviésemos cárceles con niveles de ocupación adecuados, no habría tanto problema. Pero hoy tenemos un nivel de ocupación penitenciaria de 366 por ciento. Un vergonzoso récord que rompemos a nivel regional. Imposible guardar el distanciamiento social así.

 

Podría seguir escribiendo sobre las emergencias detrás de la emergencia, pero me detendré aquí para hacer una reflexión. Hoy el Covid-19 ha eclipsado lo que pasa en cada área de nuestro andamiaje gubernamental y, a su vez, ha puesto en evidencia la fragilidad de nuestro sistema. Nos ha demostrado, de una manera muy dura, que no tenemos un andamiaje resiliente.

A pocos meses de haber tomado posesión, nuestro presidente tuvo que atender una emergencia que ha hecho temblar hasta a las naciones más poderosas del mundo. A nuestro presidente le toca volar un avión que, de por sí, estaba a punto de desmantelarse a medio vuelo. Tomó el timón entrando a la peor tormenta que la humanidad ha visto en más de un siglo. Ojalá que surja, como un beneficio colateral de esta crisis, una conciencia sobre la necesidad de fortalecer el Estado. Que se exija elevar el nivel de desempeño, eficiencia y eficacia, de las instituciones públicas.

 

A diferencia de otros países más desarrollados, en donde la cosa pública funciona, en nuestro país el Covid-19 nos ha hecho ver que el Estado tiene grandes deficiencias y que, por ende, como ciudadanos debemos apoyar y atender estas carencias. Cumplamos con lo que nos toca. Cumplamos con nuestro deber de respetar las medidas, utilicemos correctamente la mascarilla, mantengamos la distancia social y sigamos las recomendaciones de higiene. Pero, además, hoy nos toca ser solidarios con nuestros hermanos guatemaltecos más necesitados. Hoy, más que nunca, debemos pasar de preocuparnos a ocuparnos. De todos nosotros depende vencer al Covid-19.