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La semana pasada el gobierno presentó los resultados preliminares del XII censo de población y VII de vivienda, revelando que una población censada de 14.9 millones, sin embargo este dato es engañoso. En realidad, los guatemaltecos que vivimos en Guatemala somos alrededor de 16.2 millones. Los memes, comentarios y críticas surgieron tan solo minutos después.

En todo este proceso, varias irregularidades se hicieron notar como poca planificación, los cambios de fecha (hubo una extensión de tiempo para la recolección de datos), problemas para alcanzar el mínimo requerido (85 por ciento), solicitudes de aumento de presupuesto, poca apertura por parte de la población, por mencionar algunas. Las autoridades tenían planificado presentar los primeros resultados en mayo de este año. Pero fue hasta cuatro meses después que escuchamos noticias del famoso censo, y ni siquiera se trató de los datos finales.

Lo que recibimos fue una presentación improvisada y a medias que ha dado mucho de que hablar. Ha provocado dudas, confusión y hasta burlas. Esto se debe a varias razones, pero me parece que la más importante es un grave problema de comunicación, causado por lo apresurado de todo el proceso. En mi opinión, hay varios cabos que atar.

En primer lugar, es muy importante que todos entendamos que estos datos no representan la población total del país. Los resultados dados a conocer son únicamente los de la población censada. Esto significa que solo conocemos el número de personas que estaban en su casa en el momento que el censista (uno de los 14 mil que recorrieron todo el país) tocó a su puerta, y que además tuvieron la apertura para responder la boleta en el momento de la visita.

Conoceremos el dato oficial de población total hasta en un plazo de 4 a 6 meses, cuando las autoridades hagan el ajuste de la población censada por el factor omisión. Dicho ajuste es un proceso normal en todos los censos alrededor del mundo, debido a que es imposible llegar a censar al 1‎00 por ciento de la población. En nuestro caso, se espera que el ajuste ronde en un rango razonable de entre 8 y 1‎0 por ciento de los hogares, lo cual equivale a entre 1.2 millones y 1.5 millones de guatemaltecos. Por lo que, haciendo un cálculo rápido, la cifra final podría llegar a ser entre 16.1 y 16.4 millones de guatemaltecos viviendo en el país.

¿Y por qué tanta conmoción por saber cuántos guatemaltecos vivimos en el país? Porque tener un dato certero nos puede ayudar a ser una mejor nación. Estas estadísticas sirven para tomar decisiones importantes, ya que son la única fuente actualizada sobre nuestra situación demográfica. Un censo proporciona información no sólo de personas, sino de tipo de hogares, concentración de población y la manera en que viven las familias. Estos datos son importantes, ya que nos ayudan a priorizar la inversión y mejorar el diseño de políticas públicas y planes de desarrollo, al identificar las áreas habitadas y poblaciones vulnerables, establecer presupuestos, entre muchas cosas más.

En censos anteriores, solo se hizo una presentación oficial de los datos una vez conciliados. A mi parecer, la necesidad de comunicar un resultado preliminar (que ni siquiera se refiere a los datos finales) fue una decisión imprudente. No solo ha causado confusión, sino que también un furor inexplicable por querer cuadrar esta cifra con los datos de otras instituciones (como la cifra manejada por Renap, la cual solo muestra cuántos DPI se han emitido, sin ajuste de defunciones ni de población fuera del país). Pero, repito, los datos presentados no son los finales.

 

El haber sido incapaces de comunicar correctamente lo que se estaba dando a conocer, tan solo cifras preliminares, causó un revuelo innecesario. En principio nos queda más que claro que tenemos un largo camino que recorrer para fortalecer nuestras instituciones y los procesos que estas llevan a cabo. Lo ideal es que, eventualmente, descartemos la necesidad de hacer censos. Pero el orden de los factores es importante. Primero debemos crear las capacidades y después reformar las leyes, no a la inversa. Esperemos que todo esto quede como lección para el futuro y que no repitamos los mismos errores.