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Con una diferencia del 16 por ciento de los votos, Alejandro Giammattei fue electo como el presidente de Guatemala. Esta segunda vuelta electoral se caracterizó por ser una jornada tranquila, en todo el sentido de la palabra. Cerca del 60 por ciento de los votantes inscritos decidió no ir a votar. Este fuerte abstencionismo pareciera ser producto de la generalizada sensación de descontento causado por la vieja política y el rezago en indicadores sociales y económicos.

 

El presidente electo Giammattei recibe un país polarizado y sin rumbo. Su primer desafío (y el más grande) es convertirse en el líder de la esperanza ante un pueblo divido, cansado y frustrado. El aparato que conocemos como gobierno está roto. Debemos arreglarlo lo más pronto posible. Por eso mismo, debemos apoyar al presidente electo y convertirnos en actores constructivos y participativos. Sobretodo, debemos acoger el proceso de implementación de las reformas estructurales que tanto necesitamos.

 

Si bien la lista de nuestras necesidades es infinita, me parece oportuno enfocarnos en: (i) lograr un proceso de compras y contrataciones eficiente y transparente, (ii) una ley de infraestructura vial que permita construir los 30 mil km de carretera que necesitamos sin dar cabida a la corrupción, (iii) el descongestionamiento de nuestras cortes y su fortalecimiento y (iv) aprobar una ley que inyecte meritocracia al servicio civil. Estas cuatro prioridades deberían restaurar el funcionamiento del aparato público, provocando un efecto dominó que nos lleve a la generación de empleos y, en consecuencia, a la reducción de la actual crisis migratoria.

 

El fuerte clamor de los chapines es empleo digno. El guatemalteco que arriesga todo (incluso su propia vida) al migrar de manera ilegal, lo hace porque no le encuentra otra salida a su situación tan precaria. De acuerdo con encuestas, 70 por ciento de los guatemaltecos que migran lo hacen por su condición económica. Migrar parece ser la única manera de salir adelante, a pesar de los peligros y las atroces condiciones de los centros de detención. El “sueño americano” ha sustituido a la esperanza de construir una mejor vida en nuestro propio país, y es un poderoso imán que atrae a miles de connacionales por año.

 

El reto al que se enfrenta nuestro próximo presidente está en generar esos imanes locales que atraigan con suficiente fuerza a nuestros compatriotas a esos polos locales de desarrollo. Para que tales polos surjan, debemos interconectar al país con infraestructura, bajar sus barreras para fomentar el emprendimiento y la atracción de inversión, mejorar el estado de derecho y la certeza jurídica, dotarlos con servicios básicos (salud, seguridad y educación) y apoyarlos con su planificación para que puedan absorber ese crecimiento en forma ordenada y sostenible.

 

Guatemala es un país joven. Apenas llevamos 35 años de vivir en democracia y, en este tiempo, hemos avanzado a paso de hormiga. Cada cuatro años esperamos que llegue alguien que nos resuelva todos nuestros problemas. Pero las cosas no suceden de la noche a la mañana. Cuatro años es relativamente poco tiempo para lograr los cambios de fondo que necesitamos. El riesgo en todo esto es que, en nuestra desesperación por querer ver resultados rápido, eventualmente (en cuatro años o más) optemos por una solución “anti-sistema”. Un candidato que nos pinte castillos en el aire. Ejemplos hay bastantes, tal vez el más conocido es Hugo Chávez en Venezuela.

 

Chávez fue electo en una plataforma anti-corrupción. Él se ganó al pueblo venezolano por su carisma y sus promesas, pero pasó a la historia como uno de los políticos más macabros que han existido. Venezuela es prueba que, optar por un líder “anti-sistema” tiene graves consecuencias. ¿Cuántas veces más estaremos dispuestos a elegir al “menos peor”? ¿Cuántas veces más nos resignaremos a esperar los siguientes cuatro años a que venga “uno mejor”? Se nos está acabando el tiempo y la paciencia. Quizás el presidente electo Giammattei es la última oportunidad para enderezar el rumbo. Es momento de hacer a un lado nuestras diferencias y unirnos como país. Hasta que todos vayamos juntos a paso firme por una ruta definida, empezaremos a construir la Guatemala que queremos. Mis mejores deseos al nuevo presidente, Alejandro Giammattei, en esta travesía. Por mi parte, anhelo ser un actor propositivo en esos conversatorios sobre nuestra hoja de ruta y continuar aportando mi granito de arena en la búsqueda de un mejor país.