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Se estima que existen entre uno y dos millones de migrantes guatemaltecos en Estados Unidos. La mayoría de ellos provienen de San Marcos, Huehuetenango y Quetzaltenango. Justamente en esa región se concentra cerca del 77 por ciento de la producción nacional de papa, cultivo propio de lugares fríos y muy importante para los familias de esa zona.

Sin embargo, los productores de papa vieron su mercado potencial truncado cuando nos impusieron prohibiciones para la exportación de papa. Los guatemaltecos no podemos comercializar internacionalmente la papa, por lo que las oportunidades de superarse económicamente en estas áreas son muy limitadas. Esta política no solo mata la única fuente de empleo para muchos en esta zona, sino que además los obliga a buscar nuevos mecanismos de supervivencia, que no necesariamente son los mejores. Entre ellos está el cultivo de amapola y otros ilícitos.

Es irónico que se señale el emprendedurismo y la generación de oportunidades como “responsables” de los problemas del país. El debilitar el emprendimiento le abre espacio al narcotráfico. Recordemos que el narcotráfico se hace acompañar de otros “negocios”, como el contrabando, el lavado de dinero y el terrorismo. El verdadero problema que enfrentamos como nación, es el interés de estas redes ilícitas por penetrar nuestro Estado, obteniendo protecciones de rutas desde las alcaldías, seguridad privada por parte de ciertos policías y fallos favorables desde las Cortes. Estamos bajo asedio y pareciera ser que no tenemos mayor escapatoria. Ante esa triste realidad a muchos no les queda más que migrar.

Si queremos resolver un problema, el primer paso es reconocer que tenemos un problema. Debemos hablar abiertamente sobre el rol corrosivo de estas redes ilícitas y diseñar estrategias concretas para remediar dicho deterioro. Existe un antídoto que alivia la migración, alivia la propensidad de dedicarse a negocios ilícitos y también alivia la corrupción. Este antídoto es un clima de negocios sano y fértil, entorno en donde los negocios lícitos florezcan. Las empresas son la principal fuente de empleo formal en el país. Como empresario, puedo dar fe de la cantidad de proyectos e iniciativas que se han apoyado e implementado con miras a lograr ese desarrollo incluyente como solución de largo plazo.

Es importante que entendamos que los empresarios dependemos de instituciones fuertes para que las empresas puedan desarrollarse y crecer dentro de un marco jurídico sólido. El hacer valer nuestros derechos contractuales, nuestros derechos de propiedad intelectual y nuestros derechos de propiedad privada, depende de ese marco jurídico sólido. En contraste, el narcotráfico busca debilitar las instituciones y el marco jurídico, ¿por qué? porque solo así podrán operar en el territorio sin fricción. Su mecanismo de cumplimiento no pasa por las cortes, sino a través del famoso “plata o plomo”. ¿Quién entonces busca fortalecer el Estado de Derecho? ¿Quién representa una amenaza a ese modelo de impunidad ilimitada? Los empresarios.

En un país con instituciones débiles, es la libre empresa la que vela porque permanezca el orden y la democracia, también porque se generen procesos de fortalecimiento institucional. El empresariado, de todos los tamaños, seguirá siendo un bastión en el desarrollo incluyente. Justamente hoy se estarán reuniendo un grupo de 40 empresarios guatemaltecos con autoridades estadounidenses para deliberar sobre la relación entre nuestra naciones y los problemas comunes que nos aquejan, tales como la migración ilegal, contrabando, narcotráfico, entre otros. Ante todo, debemos diseñar soluciones “ganar/ganar”. Muchas de las iniciativas son de interés común como la reducción de la corrupción, generación de empleo digno, fortalecimiento de nuestras cortes, etc. ¿Por qué no trabajar conjuntamente alrededor de dichas soluciones?