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Petrocaribe surgió en 2005 como un programa de cooperación internacional entre países de la región con Venezuela. Su supuesta finalidad era coordinar políticas y comercio de energía (con petróleo y sus derivados), eliminando todos los intermediarios en el proceso, para que estas transacciones fueran dirigidas directamente entre los gobiernos. Con ello buscaba “transformar” las sociedades latinoamericanas, para hacerlas más justas y solidarias. Sin embargo, las verdaderas intenciones de Petrocaribe eran nocivas.

 

Recientemente Connectas, un plataforma latinoamericana de periodismo de investigación, en alianza con cuatro medios de la región, publicaron la investigación titulada “#Petrofraude”. En ella sacan a luz las verdaderas intenciones detrás de Petrocaribe y toda la arquitectura ideada por el régimen chavista, la cual permitió formar un “anillo de poder” alrededor de Venezuela. A través de este, los países aliados recibieron alrededor de 300 millones de barriles de petróleo a cambio de apoyo diplomático, con el fin de proteger la dictadura que está acabando con el pueblo venezolano. Tras ello se inyectaron 28,000 millones de dólares en 14 países a lo largo de una década, dinero cuyo destino se desconoce pero que seguramente transitó por la corrupción.

 

Todos estamos muy pendientes de la crisis humanitaria que está viviendo Venezuela y de cómo su dictador, Nicolás Maduro, se aferra al poder. Se habla de la transición al presidente mundialmente reconocido, Juan Guaidó, pero muy poco se ha comentado del efecto de la caída del régimen narco-dictatorial en el resto de la región. Los escándalos de corrupción de Odebrecht van a ser pequeños en comparación con la crisis que se pueda generar al develar las redes de corrupción y lavado que se gestaron desde Caracas en toda la región latinoamericana.

 

Detrás del velo del socialismo venezolano, se esconde el cartel de los Soles, uno muy poderoso. A diferencia de otros carteles de la región a este además se le confiere ser un “gobierno soberano”. Al pueblo venezolano le vendieron esperanzas y espejitos. No obstante, su intención de fondo era el enriquecimiento ilícito del exclusivo club de boliburgueses. Ese dinero, teñido de sangre e ilicitudes, fue utilizado para comprar las voluntades en Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, congresos y partidos políticos de toda Latinoamérica, etc. Abramos bien los ojos y prestemos atención a lo que pasa en Venezuela. Desenredar el nudo de Venezuela, jalará hilos en cada uno de nuestros países.

 

Mi solidaridad a los hermanos venezolanos que hoy atraviesan esta dura situación. Lo de Venezuela no tiene nombre. No tienen nombre las decenas de muertes a causa de un reciente apagón que duró casi una semana. No tienen nombre las 7 mil víctimas asesinadas a manos de las fuerzas de seguridad venezolanas. No tiene nombre el hambre y sufrimiento que pasan familias enteras día a día. Sin embargo, a esa pseudo alianza de Petrocaribe, con que los autoproclamados líderes de este país se han aprovechado de lo que un día fue una de las naciones más ricas de la región, la hemos estado llamando con el nombre incorrecto todo este tiempo. Pongámosle el nombre que merece: Petrofraude.