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El pasado 10 de octubre, la culminación del ENADE 2013 se llevó a cabo con la firma del Primer Acuerdo Nacional de Desarrollo Humano por parte de representantes de los partidos políticos y 23 testigos de honor. El acuerdo tenía como fin plantear el sentido de urgencia con el que se deben abordar los desafíos de reducir la condiciones de pobreza, exclusión y marginación. De esta manera se generaría una estrategia para el desarrollo de nuestro país y poner en la mesa los puntos mínimos que no son negociables para mejorar la calidad de vida de todos los guatemaltecos.

Hace dos semanas, FUNDESA convocó a la primera reunión de seguimiento de los 10 compromisos adquiridos en el acuerdo. A ella asistieron los secretarios generales de partidos políticos representados en el Congreso de la República, organizaciones de la sociedad civil, el Foro Permanente de los Partidos Políticos y el Consejo Económico y Social, para definir un plan de trabajo que le dé vida al compromiso firmado. Tal convenio está enfocado en tres temas: nutrición, educación y capacitación, además de su debido seguimiento y monitoreo. A un mes de la firma del pacto, empieza ahora el trabajo fuerte de transformación.

El cumplimiento del acuerdo firmado se centra en 10 grandes compromisos que tienen metas como: disminuir los niveles de desnutrición crónica, hasta llegar a una tasa de 29% en niños menores de 5 años para el 2021, a través del cumplimiento de las acciones que plantea la Ventana de los 1000 días; cumplir con los 180 días de clase con docentes preparados y alcanzar un nivel de logro de lectura y matemáticas de un 75% para primaria y un 60% para secundaria; y contar con jóvenes competentes en el país con la transformación del Diversificado a través del diseño del Currículum Nacional Base y la ampliación de cobertura de capacitación.

Para lograr las 10 metas que son planteadas en el pacto varias implicaciones caen en la mesa. Tenemos que tener en cuenta que en los tres temas debemos contar con la ejecución óptima del presupuesto y el aprovechamiento de los recursos. Además se debe continuar con las alianzas entre sector público y organizaciones privadas y sociedad civil guatemalteca, incidiendo así en la opinión y políticas públicas de seguridad alimentaria y nutricional, calidad educativa y competitividad. Ejemplo de ello es la adaptación que se está llevando a cabo en los programas de capacitación técnica, a través de mecanismos de coordinación con el Consejo Privado de Competitividad.

Sin embargo, el acuerdo implica una serie de tareas en los tres temas. En el área de educación aún falta la realización de pruebas censales (no muestrales) periódicas, continuas y comparables que ayuden a medir el aprendizaje real de los alumnos, fortalecer la profesión docente, mejorar la infraestructura de los centros educativos, entre otros. Para el compromiso por la capacitación de jóvenes es necesario reforzar el inglés como tercer idioma, tener una coordinación eficaz entre empresas y capacitadores para conocer cuál es la demanda en el mercado laboral y, para ello, la regionalización de programas de INTECAP.

Por ello, más allá del detalle de cada uno de los compromisos, es importante que tengamos claro qué cosas son las que nos tocan hacer a cada quién. La firma del Primer Acuerdo Nacional de Desarrollo Humano es el inicio del proceso y no su culminación. FUNDESA, por su parte, ha adquirido el compromiso de facilitar la ejecución, pero la transformación de la Guatemala en que hoy vivimos requiere el involucramiento de todos.

Si queremos cambiar esa realidad, tenemos que empezar hoy con lo que nos toca. Esto sólo sucederá si hay un cambio en nosotros mismos. Mark Twain, el icónico escritor estadounidense, decía que “el secreto para salir adelante, es empezar”. Guatemala tiene un potencial que muchos ni nos imaginamos, pero nunca lo llegaremos a conocer si no colaboramos con los compromisos ya adquiridos. Unámonos a estos esfuerzos meritorios para llegar a la Guatemala que todos soñamos. Manos a la obra y ¡empecemos ya!